Pese a los ataques a la familia y la vida, mantener la esperanza
Posted on 11/21/2009 at 3:43:43 PM
El obispo de Nueve de Julio, monseñor Martín de Elizalde, convocó a prepara la Navidad en el interior de cada uno, sino también “en los ámbitos que compartimos, en los hogares, en las escuelas, en los lugares de trabajo, en las comunidades, en la sociedad”, y recordó que “la Misión Continental nos urge a que recibamos al Niño y su mensaje con corazón de discípulos, para trasmitir el Evangelio a todos los hombres”.
“La primera comprobación es que, lamentablemente, como cristianos, no terminamos de aceptar las condiciones del Bautismo, la gracia de la Confirmación, el alimento de la Eucaristía, para volcarnos con convicción y generosidad en el esfuerzo misionero, evangelizador”, reconoce en su mensaje de Adviento.
El prelado recuerda demás que “en el Año sacerdotal que estamos celebrando, el papa Benedicto XVI nos dirige una llamada a la santidad de vida y a la esencialidad de nuestros propósitos y acciones”, e insiste en que se trata de “una ocasión para renovar el espíritu de los sacerdotes, y a su ejemplo, de los demás ministros y consagrados y de todos los bautizados, con una entrega más profunda y comprometida en el discipulado y la misión”.
La pobreza en el mundo y la caridad del cristiano
Monseñor Elizalde advierte que “no basta con denunciar” las difíciles condiciones por las que atraviesan muchos argentinos como consecuencia de “la inseguridad, la injusticia, la manipulación, la dependencia, la marginación, las carencias materiales, espirituales y educativas”, porque, explica, “a fuerza de decirlo desde todos los sectores nos hemos ido acostumbrando a todo ello, pero sin resolver nada”.
Tras señalar que “la caridad debe ser inteligente, creativa, eficiente, si no, no es caridad”, precisa que “el Redentor vino al mundo para establecer un reino de justicia y de paz, y 2000 años de cristianismo no han terminado de convertir los corazones de los hombres”.
“Nosotros, los cristianos ¿estamos dispuestos a ser generosos, a privarnos de algo para compartirlo con quienes tienen necesidades y carencias, a fomentar en los niños y jóvenes el sentido de la caridad, a promover entre los empresarios, además de una gestión justa y respetuosa de los derechos de empleados y de usuarios, una participación significativa en el esfuerzo social, educativo, promocional?”, interpela.
No obstante, aclara que “los únicos males no son los de la economía y la administración política”, sino, que, alerta, “hay una causa que produce efectos aún peores, y es el relativismo moral y la falta de aprecio por la verdad”.
“Las palabras están vaciadas de su contenido, y un término admite diversas comprensiones, confiriendo así, desde el exterior, una legitimidad adventicia, una corrección puramente formal y de conveniencia, a conductas y situaciones que son aberrantes. Esta confusión que se encuentra en las prácticas políticas (clientelismo, dádivas, subsidios, que son en realidad como una compra de voluntades y mantienen en la dependencia) se da también en la legislación y la justicia”, puntualiza.
El obispo lamenta que “este año recibimos al Niño de Belén, Príncipe de la Paz, Rey de Justicia, con un fallo judicial que permite las uniones entre personas del mismo sexo, con la amenaza de leyes que atentan contra la vida inocente y la esencia y la estabilidad de la familia, con propuestas educativas que invaden los ámbitos de la libertad y responsabilidad de los padres y dificultan el ejercicio de la misión formadora integral de la Iglesia, con facilidades y hasta elogios para comportamientos que deforman la conciencia de los jóvenes, que no fomentan la virtud del trabajo y la honestidad, y parecen premiar los peores ejemplos”.
“Y con todo seguimos celebrando con esperanza, con el deseo de renovarnos nosotros primero, para crecer en el espíritu de la Navidad, y hacerlo presente, contagioso, operativo. Nos sostiene la certeza que el amor de Dios es poderoso y eficaz, y que la tarea no depende solamente de nosotros. Se nos confía su ejecución, su continuidad, pero el soplo que la inspira y anima no es el resultado de nuestra imaginación o inteligencia, sino que viene de Dios mismo, que amó tanto al mundo que envió a su Hijo único”, concluye.
Pro Vida - Juan Pablo II
